lunes, 2 de noviembre de 2009

Comienza el capítulo Uno



Heminio Rosaura Melino acababa de recibir la carta que había estado esperando durante más de un mes. El remitente era un catalán, bautizado como Marco de Zevideo, de unos cincuenta y largos años, según le habían informado en varios cafés de Buenos Aires.
No había sido fácil contactarse con un hombre cuya fama de exitoso empresario se había alimentado del otro lado del océano, pero Herminio tenía la materia prima que un ambicioso e inteligente hombre de negocios podía necesitar en esos tiempos.
Los campos de los Rosaura Melino abarcaban más de cuatro mil hectáreas al norte de la provincia de Buenos Aires, cercanos al partido de Pergamino, la llamada “Perla del norte”. Herminio se reía cuando escuchaba que los pueblerinos se jactaban de habitar semejante territorio. Él vislumbraba que pronto, algunos compatriotas se encargarían de sacarle toda connotación posible al nombre utilizado para referirse a ese lugar geográfico.
Cerca de las nueve de la mañana había partido hacia el pueblo, y al llegar a la oficina del correo se había encontrado con la respuesta de Don Marco De Zevideo.
Al mismo tiempo, pero a más de treinta kilómetros, en su dormitorio, Justo Rosaura Melino concluía unas líneas que entregaría esa misma noche, minutos antes del anuncio de compromiso, a su novia Rafaela. Feliz, se dirigió a la cocina a devolver el mate que le había cebado su madre.
Valentina recién amanecía en la estancia aledaña a la de los Rosaura Melino. Últimamente se despertaba más tarde, y su hija menor, Ramona, creía que se encontraba nuevamente ante un cuadro depresivo, por motivo de cumplirse cinco años del fallecimiento de su padre. Rafaela, en cambio, no veía actitudes “sospechosas” en su progenitora y, por el contrario, celebraba que no despertara al alba, siguiendo la tradición de los que viven en el campo.
De cualquier modo, su madre no lo necesitaba, no era imprescindible amanecer tan temprano, las ocho o nueve eran un buen horario para arrancar el día. Eso sí, si algo distinguía a Valentina era su elegancia. Jamás salía de su habitación sino en condiciones impecables, desde su clásico rodete, su fragancia a lavanda, sus polleras de telas finas, y sus camisas algo varoniles. Siempre le habían atraído los diseños de la ropa masculina, y encargaba confecciones de corte similar para sus camisas diarias. La noche anterior, había dialogado hasta cerca de la medianoche con su hija mayor, luego de obsequiarle el vestido que ella misma había usado en ocasión del compromiso con su padre.

En el living, Ramona leía una novela de Jane Austen, mientras que Rafaela observaba por el gran ventanal al cachorro que le había regalado Justo, que jugaba con una improvisada pelota de trapo. Ni bien se sentó sobre la mesa con la taza de café y las tostadas untadas con su propia mermelada casera, Valentina se percató de la mirada constante de su hija Ramona, luego de decir “buenos días”. Esta actitud inquisitoria por parte de su hija le molestaba mucho, pues era difícil de por sí la comunicación entre ellas, y más aún cuando Ramona intentaba demostrar una y otra vez su teoría sobre el estado de ánimo de su madre. A Valentina le daba la sensación de que en el fondo su hija quería que así fuera, que ella estuviera pasando por un mal momento anímico, sólo para confirmar su intuición de hija, más alerta y presente que nunca, frente al resto de la familia.

La carta con fecha del 3 de enero de 1901 anunciaba que el Sr. Marco Fermín De Zevideo y Talampaya realizaría un viaje a la Argentina con motivo de concordar una reunión con el Sr. Herminio Rosaura Melino y la Sra. Valentina Muriño de Carden, ambos propietarios de exactas de 5325 hectáreas en la llamada Pampa Húmeda. El barco zarparía el 25 de enero del año corriente, y quien leía y se enteraba de esto era Herminio, el día 15 de febrero del mismo año, al mediodía, sentado en el rústico comedor de su vecina y socia, Valentina, el mismo día en que ambos, como padres de sus respectivos hijos, serían testigos del compromiso de ellos, en una cena anunciada para las 20,15 en casa del novio.

2 comentarios:

  1. Me costo entrar por la cantidad de nombres. Pero esta bueno, promete.

    Voto que SIGAS, que SIGAS...

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  2. tal vez algunos nombres mas simples puede hacer mas facil la lectura. los primeros parrafos no venden muy bien que digamos. si hiceras un buen "pitch" por ahi atrapa mas.
    Si están las ganas de escribir, segui escribiendo, pero no lo fuerces, dejá que fluya, que sean los personajes los que escriban la historia.

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